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La historia surgió así. Un buen amigo se quedó a pasar una noche en mi casa; le preparé la cama con
las sábanas de mi abuela. “Y tú, que tanto sabes de tejidos ¿por qué no pruebas de hacer algo parecido?”
me dijo. Mi amigo es joven, pero tiene una abuela muy mayor y de campo.También tiene muy buena
memoria sensorial.
En contraposición, los telares del pueblo están parándose porque las multinacionales lo deslocalizan
todo.
Así pues, vi llegado el momento de probar, de experimentar con los tejidos.
La funda nórdica y los tejidos sintéticos han sustituido peso por ligereza, pero estoy convencida que
el peso de una pieza de algodón, de tacto amable, sigue siendo más interesante para la salud y para
los sentidos.
Y así aconteció: cuatro sabios experimentando sin muchas pretensiones y de forma casera, pero
técnicamente industrial, creamos L’Aixovar (El Ajuar) que mi amigo recordaba.
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